Resums d’Història Moderna

Resums d’Història Moderna del grup 2 d’Humanitats

Política y estado en el siglo XVIII – Andrea Romero

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Durante el siglo XVIII se desarrollaron los conceptos políticos y la idea de Estado. Éste constituye, por tanto, un período de formación de una nueva concepción de la política ya que, por ejemplo, si bien en 1700 los europeos eran súbditos de gobiernos hereditarios, a finales de siglo la tumba del rey Sol había sido profanada. Sin embargo, aunque estas nuevas tendencias fueran cambiando la concepción de la política, la mayoría de Estados europeos (excepto Francia y Polonia) mantuvieron los mismos sistemas que utilizaron durante el siglo XVII.
La relación entre el monarca y el súbdito experimentó un cambio progresivo en esta época: se empezó a concebir como un contrato de gobierno: a cambio de obediencia, el monarca se preocupaba por el bienestar de los súbditos.
Los estados europeos del momento pueden dividirse en tres grandes tipos, aunque cada estado tuviera sus particularidades: las monarquías, las repúblicas y los despotismos. El continente estaba básicamente dominado por monarcas absolutos (príncipes hereditarios) que, aunque defendían que su soberanía provenía de Dios, en realidad estaban más o menos controlados por algunas instituciones corporativas, sobretodo en los países donde había parlamentos nacionales, porque existía una conciencia por parte de las elites, educadas según Aristóteles y Montesquieu, de que la monarquía podía degenerar en despotismo (como ocurría con los sultanes otomanos o los zares y zarinas rusos).
La república era el otro tipo de régimen político presente en la Europa del siglo XVIII. A excepción de Venecia y la República Holandesa, que tenían importancia internacional, las repúblicas europeas constituían pequeñas ciudades-estado casi siempre gobernadas por una oligarquía.
En esta variedad de sistemas, sin embargo, no se incluía la democracia, que era vista por los teóricos de la época como imposible, siendo consideradas utópicas las ideas de aquellos pocos que la defendían (como Rousseau o el marqués d’Argenson).
En lo que se refiere a la alta política en los estados monárquicos, cabe destacar en primer lugar que la guerra era la principal actividad real (hasta el punto de que algunos reyes llegaron a admitir que perseguían su propia gloria personal). Las causas tradicionales de la guerra eran los asuntos dinásticos (como en las guerras de sucesión española, polaca y austriaca) y, sobretodo, la política exterior y la religión (como las campañas contra los jesuitas).
El monarca, aunque en ocasiones delegara su poder, era la figura central del proceso político, y por ello para actuar era imprescindible ganarse su favor en la corte. De esta forma se desarrolló una cultura cortesana que llevó a la lucha constante para obtener el acceso al monarca (mediante facciones, ya que a nivel individual era muy difícil). Tener contacto con el rey era señal de poder y riqueza, y es por este motivo que muchos aristócratas aceptaban incluso realizar tareas poco prestigiosas sólo para estar cerca del rey. Además, la oposición al soberano comportaba represalias severas: desde el arresto y la tortura hasta el exilio (reservado a ministros, cortesanos y miembros de los parlamentos) o la ejecución.
El valor de los Parlamentos se hizo un poco más visible durante este siglo gracias a los éxitos económicos de Gran Bretaña. Su sistema parlamentario no tenía precedentes, aunque todavía estaba lejos de ser democrático y representaba a una elite social. Si bien es cierto que existía la corrupción (se sabe que se compraban algunos escaños), también lo es que el debate político que se estableció era muy rico. Durante las campañas electorales se crearon comités electorales, con lo que las elecciones suponían una diversión para la sociedad. Además, durante esta época se empezó a tomar una visión de la política como carrera (ya que antes sólo solía hacerse por motivos personales o cuestiones de honor familiar). Los partidos políticos, sin embargo, no tenían gran peso para controlar los gobiernos porque se daba mucha importancia a las cuestiones locales, y éstas determinaban, en muchas ocasiones, los resultados electorales.
Otro punto a tener en cuenta es la creciente atención que el monarca tuvo por la salud, la educación y la felicidad de los súbditos, fruto del cambio en la concepción del gobierno. Por este motivo se ha llamado a estos monarcas déspotas ilustrados, aunque este interés pudiera ser ocasionado no sólo mirando el bienestar social sino también por motivos individuales del rey (como la mejor formación de los soldados) o por la difusión de las ideas ilustradas. Ahora bien, fuera por interés individual o no, las mejoras sociales fueron visibles en esta época.
En la Iglesia también se dio un movimiento reformista, en el que destaca la importancia del movimiento jansenista (que defendía, entre otras cosas, que había que incentivar a los laicos a leer las escrituras y a participar activamente en las obras de caridad). Además, si bien siguió habiendo persecuciones, la tolerancia religiosa fue creciendo gracias a diversos factores como la voluntad de permitir la libertad de expresión, el utilitarismo y la difusión de las ideas ilustradas. Todas estas reformas se dieron gracias a la creencia optimista de que el hombre y sus instituciones podían mejorarse.
Las reformas llegaron a muchos ámbitos de la sociedad. A nivel jurídico emergió el concepto de ciudadanía y de igualdad legal (en algunos estados). En el ámbito de la educación se construyeron los cimientos de la escuela universal, se reformaron escuelas debido a la disolución de los jesuitas en 1773 y se crearon academias para elites nobles. También hubo mejoras en la salud (los cementerios, por ejemplo, se transfirieron al exterior de las ciudades), la higiene (se limpiaron las calles) y la seguridad pública (se pavimentaron e iluminaron las calles).
El crecimiento económico de este siglo comportó el surgimiento de un público más próspero, educado y políticamente consciente. Es en estos momentos cuando aumenta la importancia de las noticias políticas gracias y debido al auge de diarios, revistas, libros y publicaciones periódicas en muchos estados (Gran Bretaña, el Sacro Imperio Romano, Holanda, Francia…). Esta información no sólo llegaba a los sectores más ricos de la sociedad (que podían permitirse adquirir estos productos de coste elevado), ya que proliferaron también los lugares de reunión donde se leía y discutía sobre asuntos políticos. Las imágenes, por otra parte, también constituyeron una importante fuente de divulgación política.
Sin embargo, aunque un amplio sector social participara en la política a nivel crítico y de opinión, tomar parte en ella era mucho más restrictivo. Por este motivo, los excluidos utilizaban recursos como la petición para hacer oír su voz. Los gobiernos eran conscientes de este creciente interés por la política y por ello las expresiones de descontento popular se vigilaban con cuidado. Entre las manifestaciones más comunes hay que destacar las que se daban contra políticas impopulares y, sobretodo, por el aumento del precio del pan. En éstas últimas, las mujeres eran las que estaban en primera fila. No obstante, aunque las mujeres participaron en política como agentes de poder y patronazgo y como organizadoras de foros de discusión política (los conocidos salones), raramente se aceptó considerar los derechos de la mujer. Había muy pocos defensores de ello y francesas atrevidas como Olympe de Gouges fueron arrestadas. Sí que existió, por esto, algún periódico que lo defendía, como el “Journal del dames”.
Otro punto importante a tener en cuenta sobre este siglo es la importancia de los radicales y los republicanos. Esto fue debido a que la Guerra de Independencia Americana fue tomada como fuente de inspiración para muchos europeos. No obstante, la mayoría de la población europea siguió en su línea conservadora. En la República de Holanda, sin embargo, sí que surgió un radicalismo importante debido a que habían sufrido derrotas humillantes a manos de los británicos. En Polonia y otros estados también surgió un sueño patriótico nacional, pero sus intentos de reforma no tuvieron éxito y fueron derrotados por las grandes potencias de Austria, Prusia y Rusia. Únicamente en Francia pudo surgir una revolución sin el peligro inmediato de la interferencia extranjera, porque era una gran potencia.
A modo de resumen, el siglo XVIII fue un periodo de cambios en el que los intereses del Estado, de los súbditos y del rey iban de la mano. La oposición al rey se hizo presente en algunos estados y se empezó a concebir y a poner en práctica el principio según el cual el gobierno debería trabajar en interés del bienestar social. Además, la creencia de que la soberanía residía en el pueblo fue ganando un peso a nivel teórico que empezaría a ponerse en práctica a partir del siglo siguiente.

Written by Carles Sagan

Juny 14, 2008 a 3:03 pm

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