Resums d’Història Moderna

Resums d’Història Moderna del grup 2 d’Humanitats

La sociedad en el siglo XVI – Xavi Lago

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Los historiadores se han enzarzado durante buena parte del siglo XX en una dura lucha con el fin de determinar si para describir la sociedad europea del siglo XVI es más útil hablar de clases o de órdenes y estatus. El primer enfoque, influido por el marxismo, daba prioridad a los factores económicos que regían las relaciones existentes entre las personas, y se insistía sobretodo en los conflictos sociales y en la violencia existente en la época, causada por las luchas económicas. Sin embargo el planteamiento contrario sostenía que la sociedad estaba estructurada más bien jerárquicamente. Los estamentos u órdenes de esta podían ser el clero, la nobleza y el tercer estado, que a su vez podía dividirse en estados urbanos y rurales. Los que defendían esta última tesis, solían defender una sociedad más estática y armónica, con una interdependencia mutua de los estratos sociales. Han incluido, asimismo, muchos más factores en las relaciones existentes entre las personas, que irían mucho más allá de las simples relaciones de poder, jurídicas, hereditarias o económicas. Al hablar de toda Europa, debemos tener en cuenta hasta que punto existía una gran línea divisoria que separaría la Europa occidental (habitualmente incluiría el mundo mediterráneo, con la Península Ibérica e Italia) y la oriental (situada al este del Elba), u otra que separaría el norte del sur (las zonas del Atlántico y el Báltico frente a las del Mediterráneo y el sur de Alemania.
En la sociedad del siglo XVI un individuo habría podido tener numerosos vínculos distintos que habría sabido reconocer con toda facilidad: de familia en sentido lato, de parentesco, gremio, cofradía… De un modo menos favorable un individuo podría podía estar vinculado a un amo o señor. La verdad es que existían muchas modalidades distintas de familia y la casa. Dichas modalidades venían determinadas tanto por la mortalidad y las necesidades económicas de productividad y de supervivencia, como por cultura. En muchas familias podía haber tres generaciones viviendo juntas, especialmente una viuda y sus hijos, con varios tíos y tías, hermanos y hermanas, etc. Para muchos, la movilidad y la interconexión entre las familias era importante por motivos económicos y para la ampliación de nuevos horizontes. Casi el 90 por cien de la población del centro, sur y oeste de Europa vivía en comunidades rurales, pueblos o aldeas, algunas de ellas autárquicas, que desarrollaban diversas actividades económicas y en las que había distintos niveles sociales, como por ejemplo en el sur de Inglaterra. Por el contrario, en la Europa central y oriental se consideraba más opresiva y feudal que el resto del continente. Aun así, las cofradías (asociaciones seglares de fieles católicos) contribuyeron al bienestar social, a la moralización y al control social. Podían representar incluso una élite religiosa, al igual que los gremios, que constituirían otra dimensión importante de la organización social en las comunidades urbanas, de modo que se puede decir que, en el siglo XVI, los más prestigiosos solían tener un carácter menos económico y ser más propensos al elitismo sociopolítico.
Por otro lado, la sociedad en el siglo XVI era estamental y jerárquica, en la que todos los ciudadanos no eran iguales ante la ley, que reconocía dos clases o estamentos privilegiados: la Nobleza y el Clero. La mayoría de la población que no gozaba de estos privilegios formaba el Pueblo Llano: campesinos libres que poseían tierras y los jornaleros que trabajaban para otros, los artesanos agrupados generalmente en gremios, los comerciantes que, en España, no alcanzaron el mismo desarrollo que en otros países europeos, y los letrados que ejercían las profesiones liberales, como el derecho; sólo siglos más tarde esta situación se pondrá en cuestión. Sin embargo, es en esta época cuando alcanzan gran desarrollo algunos de los rasgos que se asocian generalmente con el carácter español: la dignidad, la ausencia de actitud servil, el sentido del honor. La principal generalización que puede hacerse en torno a la sociedad campesina tal vez sea que en la Europa central y del este las condiciones empeoraron para la mayor parte de la población en relación a sus señores. Las leyes dieron además a estos, derechos para despojar los bienes de los campesinos incrementando la postración y opresión social. Sin embargo, en Inglaterra el incremento de la población rural con cierto grado de libertad acabaría dando lugar al proletariado rural. Cabe destacar que en la época que nos ocupa se produjo una gran tensión social debido al sistema de enclosure y a las expropiaciones de tierras comunales, con lo que el siglo XVI fue testigo de graves motines y sublevaciones rurales. La protesta contra la servidumbre o las condiciones casi-serviles constituye un factor importante y podían quebrantar las jerarquías sociales.
Las villas i ciudades tenían una configuración física muy variada y subdivisiones de todo tipo. En algunas, ricos y pobres vivían separados unos de otros, buscando los nobles barrios selectos, aunque no siempre fue así. A lo largo de todo el siglo la sociedad urbana se volvió cada vez más profesional, más culta y más consumista. Un consumismo que se vio fomentado por la emulación en la ostentación de los gastos en bienes culturales, o por la cultura propagandística a favor de las necesidades políticas y religiosas. Se trataba de una forma de vida más característica en la zona occidental de Europa que no en el este. Además, la cultura conoció una mayor expansión como la difusión de la imprenta, las campañas humanistas en pro de una mayor diversificación del saber, etc.
Cabe destacar que las élites urbanas estaban formadas, si contamos a los nobles sin título, por mercaderes, funcionarios y juristas; que en a veces mantenían una rivalidad con la nobleza terrateniente. En ocasiones podía haber una nobleza y aristocracia mixta, basada en la sangre (pertenencia a una buena familia), la virtud, la competencia y la cultura. Se partía de la idea de que la nobleza y el poder que llevaba aparejado se basaban en la posesión de tierras y en las rentas producidas por éstas, y es que los intereses agrícolas siguieron siendo muy poderosos durante todo el siglo. Hay que destacar que un feudo territorial podía comportar el control de una ciudad importante y su territorio circundante. Una consideración trascendental de las élites era la de privilegio, que significaba el derecho efectivo a hacer una cosa o sólo una exención especial: llevar armas, ser privados de impuestos, etc.
La sociedad del siglo XVI se caracterizó por una notable movilidad, en términos tanto geográficos como sociales. Las comunidades urbanas necesitaban una afluencia constante de vecinos para mantener estable su población; buena parte de la emigración, era a largo plazo o permanente, pero cabe destacar que la expansión ultramarina atrajo a gran número de europeos, al igual que las guerras de la época, que contribuyeron a la movilidad de la población. Esta movilidad principalmente varonil, fue muy perjudicial para la vida familiar y fomentar de paso la movilidad forzosa de las mujeres. Pero también las grandes ferias y mercados anuales celebrados en Europa atraían a los campesinos y a los intermediarios de lugares remotos del planeta que, para bien o para mal, las comunidades rurales se vieron cada vez más expuestas a los visitantes urbanos.
Por otro lado, es indudable que las mujeres eran legal y políticamente inferiores a los hombres, a menos que fueran reinas. Las muchachas y mujeres en general podían ayudar a la producción de actividades agrícolas al tiempo que se ocupaban de los más pequeños. Además, su trabajo solía ser humilde, pero en cambio es posible que se fomentara en ellas el conocimiento de los números y letras para que se encargaran de la contabilidad. El impacto de los debates y las luchas de religión sobre la posición de la mujer sigue siendo discutida, supuestamente, la interpretación bíblica de los protestantes fomentaba una actitud que veía en las mujeres a las herederas del pecado de Eva. Aun así, si el fortalecimiento de los valores religiosos tuvo efectos negativos para las mujeres, también cabría ver la aparición de consecuencias positivas: en los círculos de la alta cultura, el siglo XVI vio como una cuantas mujeres se convertían en destacadas poetas, pintoras y músicas.
En cuanto a la mendicidad, fue prohibida y severamente controlada ya que se afirmaba que la cantidad de pobres era cada vez mayor; que estos eran cada vez más peligrosos especialmente en las áreas urbanas y, para ello, se tomaron medidas entre ellas el castigo y la expulsión de la urbe. Aunque a finales de siglo, la población urbana Europea occidental tenía unos sistemas de bienestar social mejor controlados, pero las crisis alimentarias que afectaron a toda Europa durante 1590 vinieron a empeorar la situación. Ya para terminar, decir que las luchas provocadas por la Reforma hicieron que se pusieran en duda muchas cosas y tras la reorganización emprendida pro las autoridades eclesiásticas probablemente hubiera muchos individuos que temieran que sus creencias y sus práticas fueran puestas en entredicho por las autoridades locales o por los inquisidores: la llamada caza de brujas ha sido considerada un síntoma de las tensiones propias de la época.

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Written by Carles Sagan

juny 13, 2008 a 7:53 pm

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