Resums d’Història Moderna

Resums d’Història Moderna del grup 2 d’Humanitats

La situación política en Europa desde 1660

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La búsqueda de la estabilidad política

La Francia de Luis XIV
A partir de 1660, el modelo para reformar los sistemas políticos europeos fue la monarquía absoluta de Luis XIV, basada en los principios de que el rey debía concentrar de forma centralizada todas las decisiones y que su autoridad fuese uniformemente eficaz en todo el reino. El centro de poder era un consejo encargado de tomar las decisiones, formado por la nobleza que elegía el rey y presidido por éste. Las medidas más importantes que se tomaron en Francia a partir de la adopción de éste sistema fueron la reforma del ejército y la racionalización de la administración civil. Si se pretendía gobernar según una forma centralizada, se debía uniformizar la captación de impuestos y los ingresos; así como establecer un código legal único para todo el reino, eliminar los peajes interiores e impulsar un plan mercantilista para todo el reino. Aunque la total consolidación de este sistema fue imposible de llevar totalmente a la práctica, hay que reconocer que el estado ganó mayor eficacia y ayudó a fortalecer la autoridad de la corona.

Además, el rey era algo más que el gobierno, era la imagen de la autoridad viva, del representante de Dios sobre la tierra. La proyección física de ésta grandeza fue el palacio de Versalles, que fue sede del gobierno a partir de 1680. El palacio albergaba a unos 10.000 súbditos, entre los que se encontraban los administradores profesionales del reino. La nobleza menor, que no formaba parte del gobierno, acudía al palacio para mostrarse en sociedad y poder acercarse al rey.

Pero el proceso de centralización era un proyecto difícil de llevar a la práctica y el dominio total y sin trabas en todo el territorio era casi imposible. Los empleados del rey no siempre podían hacer cumplir sus órdenes rápidamente, pues tenían que actuar paralelamente a las instituciones locales existentes: los parlements, los Estados, las oligarquías urbanas, las compañías, los gremios… Lo que conllevó que, más que ordenar, lo que terminaban haciendo era negociar. Los miembros de estas instituciones se movían claramente por sus intereses y eran a la vez hombres poderosos con potencial para negociar para no poner en peligro sus inversiones. De éstos, además, dependía la disponibilidad de los ejércitos; de los nobles de espada que eran los oficiales; y de los banqueros que ofrecían los créditos para la guerra.

El estado que fue construyendo Luis XIV era lo que éste necesitaba para entrar en la competición de las potencias europeas. Con éstas medidas centralizadas se consiguió el dinero, los recursos humanos y los materiales para hacer la guerra. A finales de siglo, la máquina militar de Luis XIV era la más poderosa de Europa.

La decadencia de España
La monarquía española, en cambio, había entrado en decadencia bajo las presiones de la guerra. España había participado en todas las guerras que hubo en la Europa occidental, y ya en repetidas veces se había mostrado incapaz de organizar una defensa de sus territorios. La recesión económica y la caída del número de habitantes no ayudaron a una posible recuperación. El rey Carlos II, que era deficiente mental, era incapaz de infundir de fuerza el gobierno; un claro contraste con la figura del rey Sol francés. Pero nadie puso en duda su legitimidad, era imposible sustutuirlo. Pero su incapacidad para gobernar mostró que una sociedad descentralizada (eran los ministros del rey los que desempeñaban muchas veces las funciones de gobierno) también pudo subsistir a la competición de las potencias europeas; aunque estancada, España sobrevivió sin desintegrarse.

El Imperio de los Hapsburgo
Aunque después de los tratados de Westfalia ya se sabía que no se podría crear un Imperio muy poderoso, el emperador conservó su importancia política. Aún poseía la facultad de juzgar dentro del Imperio, arbitrar sobre las disputas succesorias, otorgar los títulos de nobleza, recaudar los impuestos… Pero el gran poder del Imperio se basaba en sus territorios del sur, los ducados de Bohemia y Austria-Hungría. Lo que pasaba con éstos territorios era que estaban gobernados por la nobleza terrateniente, basada en un sistema de súbditos y grandes magnates territoriales. El sector urbano había quedado marginado en estos sectores y la base institucional era la Dieta, la asamblea política que cada vez tenía más poder sobre el Imperio.

No había un plan coherente para la reconstrucción del Imperio. De hecho, la preocupación más firme de los Hapsburgo era la restauración de la unidad religiosa en el Imperio en torno a la Iglesia católica. El emperador Leopoldo I estaba seguro de ello, y la solución que proponía a la crisis era la oración. Además, para procurar la uniformidad religiosa, se depuraron a protestantes y calvinistas del Imperio.

Brandemburgo
El elector de Brandemburgo Frederico Guillermo, calvinista, era el señor de una franja de territorios del norte de Alemania que representaron un modelo de estado idiosincrático, algo muy distinto a todo en el siglo XVII. La experiencia había enseñado a Frederico Guillermo que un gobernante de su condición necesitaba una fuerza militar própia. Aunque en un principio los Estados locales declinaron la propuesta, finalmente se consiguió una aprovación para la creación de un ejército permanente a cambio de dar beneficios a los nobles. Éste ejército se usó para las guerras con Polónia y para intimidar a los territorios que no querían pagar impuestos. Pero la consecuencia de la creación de éste ejército fue que éste necesitaba de una estructura estatal, un gobierno central que se ocupara de él. Así fue como se creó una administración central a partir de la creación de un ejército. La artificialidad de esta creación hizo que Brandemburgo se acercara a la idea de un estado abstracto e impersonal; donde el gobernante no era tanto el propietario como el primer servidor público.

Dinamarca-Noruega
La oligarquía de terratenientes que gobernaba Dinamarca había sufrido serie de derrotas militares en las contiendas con Suecia, y veía como se perdía su credibilidad. Hacía falta una reconstrucción política, y en 1660, el rey Federico III acepta la monarquía herditaria y redacta la primera constitución plenamente absolutista de Europa, basada en los principios de la Ley Natural y la Ley Divina. El rey pasa a tener el poder de imponer impuestos, designar el consejo y nombrar cargos. Las antiguas familias aristócratas perdieron privilegios exclusivos y se creó un nuevo sistema por el cual se crea una nobleza funcionarial, dotada con tierras y que debe prestar servicio a la nueva estructura burocrática del gobierno central y local; así como en el ejército. La reforma más importante fue la creación de la Tabla de Rangos, por lo que el estatus dependía de los servicios que se prestaban; donde no se veían exentos los plebeyos, que por primera vez tenían libertad para comprar tierra y prosperar hasta el ennoblecimiento gracias a esta Tabla.

Suecia-Finlandia
En Suecia, en 1634 se reorganiza el sistema central. Se mantenía el autogobierno local, pero supervisado por una red de gobernadores provinciales. No había ninguna disensión política en el país y la Iglesia luterana era un brazo más del gobierno del reino. El sistema sueco hizo que fuera una de las monarquías centralizadas más estables de Europa. El reconocimiento en Westfalia de Suecia como una de las principales potencias europeas inició una gran expansión en forma de guerras por Europa que terminaron en 1660. Suecia era un reino agrícola y pobre y necesitaba de los beneficios de los nuevos territorios.

La nobleza se enriqueció mucho gracias a los nuevos territorios, pero en 1660, cuando la oligarquía se pone al frente del país, sin territorios en la Europa continental, se ven frente al problema de mantener el estatus de Suecia sin los beneficios de la guerra. Luis XIV será el aliado de Suecia en este período, aunque traerá más problemas que beneficios. Suecia acepta las subvenciones francesas para que entre en la guerra con Holanda. El resultado es que Suecia se viera atacada por una coalición de sus vecinos que también luchaban contra Luis XIV, perdiendo todos los territorios de ultramar. El joven rey Carlos IX de Suecia se encontró con una situación humillante. Cuando reunió a los Estados indicó que su principal objetivo era que Suecia fuera segura desde el punto de vista militar y autosuficiente. El resultado fue la creación de una Oficina del Presupuesto, que recaudaba los impuestos de forma estable y ayudó a equilibrar la balanza presupuestaria, que contribuyó a la mejora del ejército y a la economía del reino.

Las otras vías

Las Islas Británicas
La monarquía parlamentaria se había visto en peligro en Inglaterra con el reinado de Jacobo II, que propuso una serie de reformas para la normalización del catolicismo, y en su lucha por conseguirlo había eliminado y sobornado a sus detractores. La respuesta a este ataque fue el golpe de estado que en 1688 da el poder a Guillermo de Orange. Éste se hubiera podido encontrar de nuevo con una monarquía con amplios poderes ejecutivos, que ya se venía practicando desde Carlos II, pero la entrada de Inglaterra en la guerra contra Francia hizo que el rey Guillermo III tuviera que pedir unos créditos sin precedentes con las garantías de los impuestos votados por el Parlamento. Se creó durante éste período el Banco de Inglaterra; y si la corona estaba siempre en deuda, debía trabajar conjuntamente con el Parlamento para poder obtener éste crédito.

La República de Holanda
Una sociedad que se salió de la norma fue la República de Holanda. Después de la independencia de España, Holanda pasó a desempeñar un papel clave en los asuntos europeos y mundiales sin tener un gobierno central fuerte. Holanda era una unión de las siete províncias que la componían y con una delegación central. La clave de su éxito fue financiera. Holanda pasó a ser uno de los mayores abastecedores de bienes, servicios, tecnología avanzada y pasó a controlar el comercio y la banca internacional. Era una sociedad basada sobretodo en las ciudades, basada en la economia de mercado y no en los terratenientes aristócratas. La aristocrácia era localmente poderosa y se dedicaba básicamente al mantenimiento de los ejércitos de la República. El secreto de la fuerza de las Provincias Unidas durante todo el siglo era la de ser los que podían prestar dinero a otras potencias a un interés menor que sus competidores. El dinero de la República procedía de la inversión voluntaria de los ciudadanos, que no necesitaba una autoridad central que exigiera impuestos y servicios. En 1700, las Provincias Unidas tenían más capital invertido en valores públicos que el total en tierras y demás propiedades.

Polonia
Polonia era la monarquía electiva más importante de Europa, una sociedad descentralizada donde un rey sin muchos poderes gobernaba junto a una aristocracia de terratenientes muy numerosa. Los magnates gobernaban el reino y negociaban como iguales con el rey. Lo más sorprendente fue la reforma de la implantación de la regla de unanimidad, por la que un solo voto en contra bastaba para anular cualquier decisión. Esta situación provocaba pocos consensos, como el intento de crear unas fuerzas armadas modernas. La relativa debilidad de Polonia en el campo militar y gobernamental era un seguro para sus poderosos vecinos. Polonia no podía amenazarlos y ellos no pretendían hundirla, pues la caída de éste territorio provocaria un nuevo orden territorial en el centro de Europa y podía traer consecuencias desastrosas.

Rusia
Rusia y el zar se caracterizaban por ser el único principado ortodoxo que quedaba en el mundo después de la caída de Constantinopla. El zar era el propietario absoluto de todas las tierras rusas y de cuánto vivía en ellas. Sus súbditos eran sus servidores. Rusia era una sociedad agraria subdesarrollada bajo el control de una élite de terratenientes distribuidos en pequeñas comunidades urbanas, sostenidas por el trabajo de los campesinos. La figura del zar se sostenía por derecho divino, que le otorgaba el patriarca de la Iglesia ortodoxa. En 1613 se reconoció a Miguel Románov, hijo del patriarca, como zar de todas las Rusias.

Rúsia siempre se mostró cautelosa con su relación con occidente, pues los sectores más conservadores de la ortodoxia se negaban a los acercamientos con la Europa occidental. Así se creó un cierto aislamiento que alejó al reino de la modernidad occidental durante muchas décadas.

Written by Carles Sagan

Juny 11, 2008 a 6:59 pm

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