Archive for the ‘Cultura del segle XVIII’ Category
Religión y cultura en el siglo XVIII – Ana Belén Morán
Para el estudio de la cultura y la religión del siglo XVIII conviene distinguir entre la primera mitad de siglo y la segunda mitad, dividiendo esta última entre las décadas anteriores a 1789 y los años posteriores a la revolución. Es preciso también señalar la notoria influencia de la Iglesia (ya sea católica, protestante o calvinista) en la determinación de la forma de vida, ideas y cultura de los europeos, hasta tal punto que el autor afirma que este podría llamarse «la época de la religión» o «el siglo cristiano».
La primera mitad del siglo XVIII
La importancia de la religión durante la 1ª mitad del siglo XVIII, periodo en el que la Iglesia seguía ganando influencia en numerosos ámbitos de la vida europea llegando incluso a tener en algunos aspectos un dominio mayor que en épocas anteriores, se ha visto infravalorada por la exagerada e inmediata repercusión sobre la religión que la historiografía moderna quiso dar a dos acontecimientos del siglo anterior: el fin de las guerras de religión y los avances científicos que dieron lugar a la llamada «revolución científica».
Si bien es cierto que la Paz de Westfalia condujo al fin de las guerras de religión en los territorios de Sacro Imperio Romano Germánico y supuso una mayor tolerancia religiosa al obligar a muchos gobernantes a tolerar diferentes cultos, los conflictos religiosos no cesaron en otros territorios y, dentro del Imperio, las diferentes confesiones lucharon por avanzar su posición sobre las otras mediante un proselitismo agresivo. Mientras que los calvinistas fueron los menos exitosos en esta empresa, la Iglesia luterana generó un movimiento evangélico conocido como pietismo que promovió con éxito una intensa devoción religiosa, trabajos educativos y actividades misioneras. En cuanto al catolicismo, a diferencia de lo comúnmente aceptado, la 1ª mitad del siglo XVIII supone el apogeo de la Contrarreforma. Es en este periodo cuando numerosos monarcas se convirtieron al catolicismo al considerarse el fundamento natural de la monarquía absoluta, al mismo tiempo que aumentaban el número de cofradías y confraternidades religiosas, crecía la devoción hacia la Eucaristía y el culto a la Virgen María, etc. A mitad de siglo la riqueza y las tierras de la Iglesia seguían creciendo, se alcanza el nivel más alto hasta entonces conocido de clero secular en relación al resto de población y la influencia de órdenes como la jesuita y la franciscana continúan aumentando. Además, a pesar de lo que se ha denominado como «la crisis de la conciencia europea», fruto de las ideas y descubrimientos de la revolución científica, el catolicismo todavía seguía afianzando su control intelectual sobre el pueblo llano y hubo un notable aumento del número de obras de contenido religioso publicadas. Sin embargo durante estos años el catolicismo se enfrenta también a una controversia doctrinal que divide la opinión de sus fieles. El jansenismo, un movimiento puritano de devoción religiosa, reabrirá el debate acerca de la importancia de la fe y los actos individuales frente a la gracia a la hora de obtener la salvación.
En cuanto a la cultura de esta primera mitad de siglo, entre 1685 y 1750 tuvo lugar un importante florecimiento de las artes, especialmente de la arquitectura y la música. Siendo soberanos, nobles y miembros de la Iglesia (especialmente la católica) quienes tenían el dominio casi absoluto del mecenazgo en las grandes empresas artísticas palacios e iglesias, estas se utilizaban como expresión del poder, la riqueza y la superioridad de estos estamentos. El estilo característico de esta época es el barroco, una forma particular de clasicismo que, a diferencia del arte clasicista anterior, no busca expresar una armonía estática sino el movimiento, la emotividad y el virtuosismo. A pesar de que abundan las muestras de arte laico barroco, este estilo está particularmente asociado al arte impulsado por la Iglesia católica de la Contrarreforma, y por ello se adapta a los objetivos de esta: despertar la devoción de los fieles e insistir en aquellos dogmas en los que la Iglesia se había reafirmado (culto a los Santos, importancia de los Sacramentos y del papel mediador de la Iglesia, etc.). Los países en los que el arte barroco irrumpió con mayor fuerza son España, Portugal, Italia, Alemania y las tierras austríacas, a pesar de que uno de los edificios más emblemáticos de la época sea el Palacio de Versalles, en Francia, que combina características propias del barroco con un estilo más sobrio y de tendencias clasicistas más tradicionales.
La música es otro arte que conoce un notable desarrollo durante esta época, especialmente en dos manifestaciones: la música litúrgica y la opera seria. La Iglesia católica y luterana, desde que incorporó considerables instituciones de voces en la liturgia, se convirtió en el principal mecenas de compositores y actores, subministrando casi toda la formación musical que existía. Producía numerosas cantatas y música para los oratorios y las representaciones de la pasión de Cristo, apelando siempre a las emociones de los fieles que el espíritu de la Contrarreforma tanto se esforzó por despertar. En cuanto a la opera seria, de origen italiano, a menudo se representaba en los teatros de la corte y era encargada y costeada directamente por el soberano con motivo de una celebración especial. La obra, que buscaba la identificación del soberano con el héroe de esta, acababa siendo una expresión más de la grandeza del monarca.
De entre los países protestantes destaca el caso de Gran Bretaña por sus singularidades políticas, sociales y culturales. A diferencia del resto de estados europeos, en esta región había una mayor libertad de expresión y de información que condujo al nacimiento del fenómeno bautizado con el nombre de la «esfera pública» (la formación de un público, una opinión pública, etc.).
La segunda mitad del siglo XVIII
Hacia 1750 tiene lugar una inversión de la mayoría de las tendencias de la 1ª mitad de siglo, que se vuelve más acusada a partir de 1770 y que produce un retroceso de las iglesias (especialmente la católica) en casi todos sus frentes de poder, riqueza e influencia. Este hecho puede relacionarse hasta cierto punto con el movimiento intelectual de la época, al que se le ha dado el nombre de Ilustración, pero no se le debe atribuir un papel tan decisivo como los historiadores y los propios ilustrados han querido darle. La Ilustración puede considerarse un movimiento de laicización ya que muchos de sus líderes intentaron restringir, más que eliminar, la influencia del cristianismo en casi todas las ramas del conocimiento, introduciendo una actitud escéptica y crítica que se cuestiona algunas de las más asumidas creencias cristianas. Muestra de ello es la Encyclopédie francesa, la obra más popular de la Ilustración. Muchos clérigos fueron promotores de los nuevos puntos de vista propuestos durante esta época, aunque en general sus ideas fueron objeto de censura y críticas por parte del papado y un gran sector de clérigos y laicos de mentalidad conservadora.
Otro factor que explica la pérdida de influencia y poder por parte de la Iglesia durante la 2ª mitad de siglo es el declive del barroco, que dio lugar a una reacción general contra la ostentación pública de la riqueza y el poder. Con la decadencia de la ostentación y la piedad barrocas también se produjo una revisión de las actitudes triunfalistas de la Contrarreforma, provocando una reacción en el seno de la propia Iglesia cuyo representante más destacado es Ludovico Antonio Muratori. Su pensamiento, hoy visto como parte de una «Ilustración católica», defiende una reforma eclesiástica que contempla aspectos como la disminución de la riqueza y la corrupción del clero o el fomento de una mayor tolerancia religiosa. El declive de la cultura barroca, que había atraído tanto a las clases altas como al pueblo llano, produce también una nueva actitud de desdén de las clases altas ilustradas hacia las actitudes populares. Los propios autores de la Ilustración se pronunciaron a favor de manifestaciones artísticas y culturales más refinadas, intelectuales y moralistas. La nobleza fue apartándose cada vez más del trato con las clases sociales más desfavorecidas y los entretenimientos y costumbres propios de estas, provocando el crecimiento de la conciencia de clase media y el culto a la respetabilidad.
Otro suceso determinante en el declive de la Iglesia fue la caída de los jesuitas, que tuvo lugar entre 1750 y 1789. El origen de las expulsiones fue Portugal y los motivos más políticos que religiosos, ya que los jesuitas estaban dirigiendo un verdadero Estado dentro del Estado en los territorios portugueses de Suramérica, desafiando los principios absolutistas. Tras ser expulsados de otros países como Francia y España, la presión sobre el papa hizo que este finalmente disolviese la orden, provocando importantes consecuencias en toda Europa. Una de las más destacadas son los efectos que tuvo sobre la educación secundaria y universitaria, ya que provocó el aumento del papel del clero secular e incluso de los laicos en la enseñanza, haciendo del nuevo sistema educativo un modelo más supeditado al Estado y sus necesidades.
Por otro lado el triunfo de países protestantes como el de Gran Bretaña en la guerra de sucesión austríaca y en la de los Siete Años llevó a los soberanos y ministros de los países católicos a reexaminar sus políticas eclesiásticas y plantearse medidas como la apropiación de tierras de la Iglesia, la imposición de la tolerancia religiosa o incluso el permitir el matrimonio de los sacerdotes para producir un aumento de la población. La consideración de estas medidas no fue fruto de la influencia de las ideas de la Ilustración como comúnmente se ha aceptado, sino que tuvieron como objetivo el igualar en ingresos y ejército a los países protestantes.
En general puede afirmarse que la cultura de la segunda mitad del siglo XVIII se vuelve más compleja y heterogénea. Mientras que en las artes plásticas destaca el eclecticismo y la diversidad – con una predominancia del estilo neoclásico, fuertemente influenciado por los recientes descubrimientos de Herculano y Pompeya -, la música instrumental conoce un notable florecimiento y el desarrollo intelectual de las élites europeas se vuelve muy cosmopolita (el grad tour por Italia, la moda por todo lo francés, etc.). Dentro del movimiento ilustrado surgen además nuevas tendencias que amenazan con subvertirlo, como las ideas de Rousseau, a la vez que se desarrolla un movimiento popular y religioso en Gran Bretaña que se opone a la mayor parte de las tendencias de la Ilustración: el metodismo. Como rasgos destacables de este periodo debemos incluir también el aumento general de la alfabetización en muchos países y el final de la caza de brujas iniciada a finales del siglo XV.
A pesar de los importantes cambios que sufrió la iglesia entre 1750 y 1780, no hay muestras de que los soberanos y la mayoría de los ciudadanos europeos fuesen conscientes de las medidas en su contra que iban a tomarse con el estallido de la Revolución Francesa. Incluso se sabe que el pueblo francés manifestó en los Estados Generales de 1789 un fuerte apego a la Iglesia y la esperanza de que el rey la reformase. Por ello, el extremismo de la revolución debe enmarcarse en las amenazas de conspiraciones, revueltas y en la presión de las masas recién emancipadas, que provocaron que la Asamblea se alejase de los deseos del pueblo tal y como estaban expresados en los cahiers redactados para los Estados Generales. Las consecuencias de este extremismo fueron las medidas que dieron lugar a la secularización de Francia: el Estado ya no estaba formalmente vinculado a una iglesia particular, este remodeló la estructura de la Iglesia católica e incautó todas sus propiedades, además de abolir todos los privilegios del clero. La instauración de un culto al Ser Supremo, vigente hasta 1794, ha llevado a hablar incluso de un proceso de descristianización. Por otro lado la cultura francesa de la época se hizo en teoría más democrática, siendo ejemplo de ello la escuela de pintura de J.L. David.
Fuera de Francia, la brutalidad y extremismo de la revolución produjo tendencias contrarrevolucionarias en casi todos los países, donde la iglesia recuperó prestigio entre las clases altas. La censura se hizo más severa para frenar el avance de las ideas revolucionarias, y se acusó al ateísmo de los philosophes de haber inspirado los excesos de la revolución. Sin embargo, a pesar de las restricciones, la década de 1790 fue, fuera de Francia, una década de revolución cultural. Destaca el desarrollo del Romanticismo, que glorificaba la individualidad del artista, rechazaba las reglas clásicas y exploraba el mito, la fantasía y la magia.
Religió i cultura al segle XVII – Dani Pérez
Per aproximar-nos amb una mica més de profunditat a aquesta qüestió ens veiem obligats a dividir aquest període temporal (des de principi de segle fins a la Revolució Francesa1) en dues parts. Durant la primera meitat de segle el cristianisme i l’Església teníen molt pes a Europa, tant a nivell polític (aliats amb les corts reials o principesques) com a nivell de formació cultural (on eren els principals encarregats de l’òrgan educatiu). Pero la situació canvià a meitat de segle : alguns absolutismes s’exacerbaren i la popular difusió de les desafiants idees de l’Il·lustració obligaren a sectors com l’Església o l’aristocràcia a adoptar una posició més defensiva i conseqüentment, repressora. Això derivà en la R.F. —on s’aboliren la monarquía, la cort i l’aristocràcia i s’il·legalitzà l’Església— que tingué conseqüències semblants a països com Alemanya, Suïssa o Itàlia. Tanmateix, països com Gran Bretanya i Rússia, degut a una major experiència política i a una atmosfera més cosmopolita, es salvaren de l’inèrcia d’aquest moviment.
La religió fins a mitjans de segle.
La situació religiosa (suposadament resplendent) d’aquesta primera etapa vé molt marcada pels efectes (sovint exagerats) de dos esdeviments claus del segle anterior.
El primer és la « fi de les guerres religioses » a les terres del Sacre Imperi Romà, que situem l’any 1648 amb « la pau de Westfalia ». Aquest acord confirmà les divisions territorials que ja existíen però obliga a crear acords molt més tolerants (alguns fins i tot extranys, on es podien practicar cultes diferents simultàniament) i ajudà a relativitzar o a restar importància al sentiment religiós a zones com Alemanya.
El segon és el que Paul Hazard anomenà « la crisi de la conciència europea », derivada de l’impacte que va tenir la Revolució Científica del segle XVII. La publicació i difusió d’obres de genis com Newton amb la seva teoria gravitacional , Locke i l’empírica « filosofia de les sensacions » i els seus tractats polítics, Bayle i la seva defensa de la completa tolerància religiosa, o Leibniz i el seu càlcul infinitesimal van modificar radicalment la comprensió de l’Univers i del propi ésser humà que aleshores es mantenia.
Malgrat això, s’han de relativitzar una mica les conseqüències d’ambdós esdeveniments ja que, per exemple, en el cas de la « fi de les guerres religioses » van seguir-hi havent conflictes : especialment a França, on s’aliaren amb els turcs per poder « recuperar » tota la Gran Hungría i on, temps més tard, obligaren als hugonots a convertir-se al catolicisme.
Després de la revolució diplomàtica de 1756, l’alineament fou encara més confessional que abans : d’una banda tenim a França, Àustria i Espanya (catòlics) i de l’altra a Gran Bretanya, Holanda i Prússia. Fou precisament a Prússia on sorgí el pietisme, un moviment derivat de l’església luterana que promovia una intensa devoció religiosa, així com una important aportació en treballs educatius i activitats missioneres. Pel que fa als territoris catòlics, cal destacar la importància de la Companyia de Jesús com l’ordre més poderosa (no la més rica, però), amb més quantitat de confraries associades, que suministrava gairebés tots els professors, censors i confessors i controlava les missions.
I malgrat la « crisi de conciència » concebuda per Hazard, el catolicisme estava en un moment molt bo perquè tenia el control intelectual de totes les classes socials, tant dels pobres com dels rics. A França de fet, a pesar del sorgiment i posterior extinció del moviment cismàtic dels jansenistes (uns seguidors de la doctrina agustiniana, que posava més accent a la fe que a les obres) és un dels pocs països on sí que es pot afirmar que el segle XVIII va ser el « segle cristià » per excelència.
La cultura fins a mitjans de segle.
Aquesta és l’època de la proliferació de les obres d’art majestuoses i les grans construccions (esglésies, palaus, jardins…) com a representació de poder dels seus propetaris (reis, prínceps, aristòcrates, bisbes…) davant de la resta de la societat, de la que ells, pràticament uns semidéus, s’havien de distingir. Així doncs, el mecenatge en aquesta època era exlcusivament controlat pels sobirans, els aristòcrates i els homes de Déu, i moltes ciutats situades als voltants de les residències van créixer i prosperar exponencialment : Viena, n’és l’exemple més clar.
Residències com Versalles (la de Lluís XIV, que esdevingué la més famosa), la de Sant Petersburg o la de Mannheim, proliferàven a tota Europa, i totes s’imitàven i seguíen patrons artístics força semblants dins la corrent del moment, que era « el Barroc ». En aquests palaus tot anava destinat a l’exaltació del poder d’una forma més aviat teatral, i aquesta permanent ostensió de poder acabà cansant a monarques com Frederic Guillem I de Suècia, que dedicà només un 0,05% del que havia dedicat el seu predecessor per coronar-se i amb la resta feu de Prússia el país d’Europa amb l’exèrcit més letal.
També és època de música. Destaquen compositors com Bach, Haendel, Vivaldi o Scarlatti i l’òpera, nascuda a Itàlia un segle abans, ara era finançada majoritàriament per l’Església (que també s’encarregava de la formació musical dels artistes).
Durant aquests anys es manifestaren clarament les diferències que hi havia entre països protestants (més tolerants) com Gran Bretanya, que començava a tenir una esfera pública gràcies a l’aparició, per exemple, de medis de comunicació potents (els primers diaris) ; i els catòlics com França, que restringien el seu progrés a la cort.
La religió, la Il·lustració i la cultura des de mitjans de segle fins al 1789.
A partir dels 50 es començà a intuir el que als 70 ja seria evident : un accelerat retrocés de l’Església (especialment la catòlica) en tots els fronts. Els atacs cap a l’organització i els seus privilegis vindrien primer de Prússia, on Frederic I (ateu) restaurà l’Acadèmia de Berlin i suavitzà la censura, després de França, que s’havia empobrit i on es començaven a qüestionar els seus privilegis, i finalment a Portugal, on Pombal inicià un atac contra els jesuïtes que culminà amb la seva expulsió del país l’any 1759 i la supressió de tota l’ordre per ordre papal l’any 1773. Governants laics exercien una censura cada vegada més relaxada que comportà una creixent manca de respecte per l’autoritat eclesiàstica i els valors religiosos en general. Quan el papa —l’imatge del qual havia quedat molt devaluada amb l’aprovació de la bula Ungenitus— volgué reaccionar el 1768, només aconseguir quedar en ridícul i crear mal ambient en l’atmosfera internacional.
Sovint les causes d’aquest canvi d’opinió s’atribueixen al moviment intel·lectual que coneixem amb el nom d’Il·lustració. Els propulsors d’aquesta onada intel·lectual de pensament crític, com Voltaire (a qui es considerava el líder), s’autodenominàven philosophes i anaven en contra de tots els fanatismes i supersticions i per aconseguir-ho necessitàven deslligar el clergat de l’educació. En aquest sentit, podríem afirmar que aquest moviment era més proper a la seglarització que no pas a la laicització. No pretenia eliminar la presència del cristianisme a l’esfera intelectual, sinó simplement restringir-la. Cal destacar, a part de Voltaire, l’influència d’altres pensadors com David Hume, Immanuel Kant, Montesquieu o Jeremy Bentham. I no ens pot passar per alt la major empresa cultural que va dur a terme l’Il·lustració francesa : l’Encyclopédie de Diderot i D’Alembert, que constava de 17 volums i 72.000 articles.
Malauradament, l’Il·lustració esdevingué un moviment també molt esnob i elitista que despreciava les formes d’art popular com la Commedia dell’arte italiana o el Hanswurst alemany i imposàven formes més « refinades », moralistes i intelectuals. Precisament contra aquest elitisme se situava l’obra d’un pensador clau de l’època : Rousseau. Rousseau participà en l’Encyclopédie i realitzà contribucions importantíssimes a la cultura universal de la que destaquem El contracte social (una obra de filosofia política) i Emili o l’educació dels infants.
Havent perdut l’unitat estilística del Barroc, el Neoclassicisme es corona com a moviment artístic, sobretot pel que fa a la pintura i l’arquitectura. I també es comença a recuperar el gòtic, o almenys una versió distorsionada per les noveles d’Horace Walpole.
En música succeeixen esdeveniments semblants. Els grans músics d’aquest període seràn, sense cap mena de dubte, genis de la talla de Haydn o Mozart i, una mica més tard, Beethoven, que contribuíren en varietats de gèneres, des de la música de cambra fins la òpera.
Finalment, cal esmentar també el naixement del concepte de nacionalitat, conreat per Herder a Alemanya i acompanyat d’un moviment artístic emergent encara més trascendent que portarà el nom de Romanticisme.
La Revolució Francesa.
Ningú hagués pogut anticipar les conseqüències de la Revolució Francesa, un procés històric marcat, més que mai pels esdeveniments. De fet, només un 4% dels cahiers del Tercer estat volía que el clergat regular fos abolit i el poble no es volia allunyar tant de la religió. L’Assamblea Nacional, però, s’allunyà dels desitjos del poble expressats en aquests cahiers i va abolir els privilegis del clergat i la noblesa el 4 d’agost del 1789.Aquesta secularització i descristranització fou un dels principals motius pels quals la Revolució vingué seguida per una guerra civil i de l’època coneguda com el Terror fins l’any 94. A tota Europa, amb temor de patir el mateix, els governs van esdevenir molt més conservaduristes en relació amb la religió i les llibertats d’expressió i publicació.
Teòricament, França es va fer més democràtica i va aconseguir una escola neoclàssica de pintura dirigida per David, però en termes generals, la Revolució la va isolar bastant de tota la explosió creativa del Romanticisme i de la Revolució Industrial que també van revolucionar la resta de Europa (a nivell cultural, això sí).
Cal destacar les figures més importants del romanticisme (un moviment molt reflexiu i expressiu a la vegada) literari com Blake, Wordsworth i Coleridge a Anglaterra, Novalis i Herder a Alemanya. I no ens podem oblidar a Haydn i, ara sí, Beethoven en el seu màxim esplendor amb les seves simfoníes.
Religió i cultura al segle XVIII – Albert Forns
Per tal de tractar la religió i la cultura europees del segle XVIII, dividirem el període en dos trams. Fins entorn l’any 1740 l’influència del cristianisme arriba a totes les esferes de la vida pública i té una importància capital, potser fins i tot més que en segles anteriors. En cada Estat hi ha una Església establerta i privilegiada, sigui catòlica o protestant, mentre que les altres són marginades i sovint perseguides. Si per una banda disposa d’autoritat en els àmbits educatiu i cultural, toparà amb la difusió creixent dels ideals il·lustrats (racionalisme i ciència) i burgesos (importància del mèrit i la riquesa en lloc de la noblesa de sang). Aquesta fricció culmina en saquejos i la il·legalització de l’Església a la França de la Revolució de 1789, sumats a l’abolició de la monarquia, la cort i l’aristocràcia. Canvis d’aquesta índole s’exportarien amb més o menys èxit als Països Baixos, Alemanya o el nord d’Espanya, mentre que països com la Gran Bretanya, Àustria o Rússia en quedaren al marge, evidenciant la diversitat de l’experiència europea.
La religió abans de mitjans de segle
Aquesta etapa estarà influïda per dos esdeveniments de l’Europa de finals del XVII: el fi de les guerres de religió i la revolució científica, les quals, no obstant, tindrien una repercussió immediata relativa i no van suposar el punt i apart que es podria entreveure. Es donarà (o es vol donar) aleshores una major identificació entre nació i religió, cosa que sumat a sengles ambicions expansionistes afavoreixen els conflictes interconfessionals, i alguns de gran escala com el que enfrontaria en aquest tombant de segle Àustria i Turquia (més les aliances més o menys regulars), en el que es presenta com una lluita de cristians (sobretot catòlics) contra infidels. Les persecucions religioses no desapareixen; el cas dels hugonots francesos n’és prou representatiu. No cal dir que l’ànim proselitista està a l’ordre del dia.
Pel que fa al catolicisme, és en el segle XVIII quan la Contrareforma assoleix la seva màxima expressió, dos segles després que es portés oficialment a terme, i en especial a Alemanya. Això s’explica per la necessitat d’autojustificació per part de les monarquies absolutes, per una banda, i per l’allau de missioners, per l’altra.
Fins 1770 és destacable el fenomen de catòlics d’arreu fonent-se en massa en confraries i confraternitats, on segueixen el culte, s’ofereixen a l’Església i donen exemple a la comunitat.
I, definitivament, les dades més eloqüents refereixen al creixement del nombre del clergat secular, de monestirs, de monjos i monges i de diversos ordres franciscans, especialment els caputxins (el més important era el jesuïta).
I, en qualsevol cas, l’Església catòlica disposava sota el seu control vastíssimes extensions de terres, molt superiors a les protestants, i les seves propietats seguien a l’alça. Així, doncs, l’impacte que haurien suposat les obres revolucionàries de Bayle, Locke o Leibniz desembocant en una “crisi de la consciència europea”, valorava Paul Hazard, queda seriosament qüestionat per les evidències històriques d’un període en què la situació del catolicisme postcontrareformista segueix en el seu estatus privilegiat (i el protestantisme tampoc pot queixar-se); Dominique Julia arriba al punt de definir el XVIII com el “veritable segle cristià”.
Tanmateix, la prosperitat del moviment no impediria que s’obrís un nou front en el terreny doctrinal: neix el jansenisme, moviment cristià que posa l’ènfasi en la fe, en una relectura de Sant Agustí. Serà censurat i perseguit per les estructures ortodoxes del poder.
La cultura abans de mitjans de segle
Es dóna una primavera de les arts, especialment de l’arquitectura i la música, estimulada per sobirans, nobles i esglésies que actuen com a mecenes amb l’objectiu d’evidenciar (i exagerar) el seu poder, prestigi i rang superiors al comú. Així emergeix també, enmig del classicisme generalitzat, l’estilisme barroc, característic per la seva parafernàlia, la sobrecàrrega, l’emotivitat i suggestió, que intentava persuadir de tornar al ramat les ovelles esgarriades arran de la Reforma. A mitjan segle XVIII, però, anirà a la baixa i donarà pas a formes menys impressionants: des de jardins “anglesos” fins a subgèneres com el Rococó, a França. Es creen, així mateix, noves ciutats com Sant Petersburg, Potsdam o Versalles (mirall per a tantes d’altres), al voltant d’un palau pensat com a residència de la cort reial.
En l’apartat musical, es tracta d’una època de grans compositors, com Bach, Händel, Vivaldi o els Scarlatti, representant habitualment el que es coneix com a opera seria (estil enfocat a la noblesa) o, en una línia més popular, les “balades”, “mascarades” (Londres), les òperes còmiques (opere buffi) o els intermezzi (Itàlia).
La Gran Bretanya, tot i les desigualtats i les infinites limitacions del seu sistema, en un marc continental dominat per monarquies absolutes restrictives i esglésies monoploístiques, s’erigeix com un oasi de relativa llibertat i serà allí on sorgirà per primer cop el que es coneix com a opinió pública.
La religió, la Il·lustració i la cultura des de mitjans de segle fins al 1789
A causa de circumstàncies singulars o de dinàmiques globals, l’Església entrà en una notable decadència; veié com el seu poder minvava cada cop més i la seva veu era tinguda menys en compte, en pro d’un govern laic i obert a una major diversitat religiosa i a la llibertat de consciència. Aquesta inflexió en el rumb d’Europa vingué donat en bona mesura per la influència de la onada il·lustrada que, sota el crit d’écrasez l’infâme!, posaria en tela de judici i censuraria tot allò racionalment no comprovable i, per antonomàsia, la religió. Personatges de la talla de Kant i Voltaire en foren els principals precursors, l’Encyclopédie de D’Alembert i Diderot assentà i propagà el moviment i Montesquieu en la teoria política i un monarca polifacètic com Frederic el Gran ajudaren d’alguna manera a normalitzar aquests ideals.
A Alemanya i la Gran Bretanya les proclames racionalistes foren proporcionals a la poca metafísica que postulava i les limitades atribucions que posseïa l’Església; a França, en canvi, s’hi produiren els majors altercats.
El capellà italià Ludovico Antonio Muratori portarà la Il·lustració a l’Església que se la voldrà escoltar: la del nord d’Itàlia, el sud d’Alemanya i Àustria, grosso modo. Aquest moviment crític apostava per abandonar actituds defensives i optar per obrir-se al poble, ensenyar la paraula de Déu (traducció de la Bíblia a llengües vernacles), estimular l’educació en detriment d’autoritarismes al mateix temps que s’hauria de netejar l’estructura interna de la institució, ineficient i corrupta.
Però no va ser la Il·lustració la qui més va debilitar el poder eclesiàstic, sinó la caiguda dels jesuïtes, avantguarda de l’ortodòxia cristiana, arreu d’Europa. Sense aquesta, les competències del clergat en ensenyament disminuiran, per passar a mans del govern.
Els triomfs de Gran Bretanya i Prússia en importants conflictes internacionals van portar als països catòlics a plantejar la possibilitat de revisar les relacions Església-Estat i limitar (novament) el poder de la primera.
Les últimes caces de bruixes (des del XV) es produiran a finals de segle, i s’acabaran en bona part gràcies a l’acció del govern de torn.
L’intel·lectualisme il·lustrat es converteix sovint en elitisme, en censurar formes d’entreteniment populars (la commedia dell’arte a Itàlia i França, el Hanswurst a Alemanya o les baralles de galls, per exemple) per grolleres, cruels o manques de refinament, marcant així distància entre el que fins aleshores eren els estaments i el que avui coneixem com a classes socials; si a l’Edat Mitjana la inferioritat de la pleb tenia justificació divina, aquesta flamant etapa moderna explicarà per mitjà de la raó les desigualtats i l’exclusió social.
Ës aquest un període contradictori per resseguir la cultura. Hi ha un retorn a les arrels grecorromanes que es manifesta amb el corrent neoclàssic en les arts visuals, però es pot parlar en el conjunt d’Europa d’un eclecticisme estilístic. En la música sobresurten dos noms propis, Mozart i Haydn. A la creixent alfabetització (causada més per la labor de religiosos que per la Il·lustració) la seguirà la creació de cada cop més publicacions periòdiques i una major democratització de l’alta cultura.
Naixement i àmplia difusió del metodisme, confessió cristiana obertament dogmàtica i antiil·lustrada. Una altra resposta a aquest corrent, des de l’altre extrem de l’arc ideològic, provindrà de Rousseau: carrega contra la propietat, la ciència i les lleis com una forma de pautar la vida fins a deshumanitzar-la. El filòsof francès, juntament amb Goethe serà una de les figures cabdals del Romanticisme, moviment que prima el geni, el sentiment, la fantasia, l’individu i estimularà nacionalismes, combatent la freda raó, i que a la dècada de 1790 assolirà el clímax amb autors anglesos i alemanys de la talla de Wordsworth, Coleridge, Novalis o Herder. Música germànica: Haydn representant la Il·lustració catòlica, per una banda, i Beethoven, trencador i secular, per l’altra.
La Revolució Francesa
La igualtat entre els tres estats que es conforma en l’Assemblea Nacional queda desestabilitzada en evidenciar-se l’abast de la crisi que assola França, amb la monarquia arruinada. El tercer estat pren el timó i es disposarà a fer reformes profundes que assoliran el rang de revolució: secularització i posterior intent de descristianització del país (reestructuració de l’Església, incautació de propietats, abolició de privilegis, laïcitat, persecucions i prohibició de professar la fe), el rei Lluís XVI a la guillotina…, fets que desencadenen una guerra civil i el Terror repressiu fins 1794. La reacció als països veïns serà de rebuig absolut i prendrà forma en un conservadurisme, restricció de les llibertats i revalorització de la religió.
I no tot serà “modernització”: la Revolució aïllarà França tant del Romanticisme com de la revolució industrial. I si bé l’art gaudia l’esplendor de David i d’una democratització, també és cert que es produiren nombrosos actes vandàlics contra edificis històrics.
De la mà de Napoleó s’exportarà la Constitució Civil, l’intent de desmantellar l’Església (amb expulsió del Papa inclosa) i es democratitzarà per les armes. Tanmateix la revolució religiosa se salda amb fracàs pel profund arrelament del catolicisme en la societat, i Napoleó es veu obligat a pactar un concordat amb el Papa per respectar la llibertat de culte i reconèixer el catolicisme com a religió majoritària a França, a canvi de l’acceptació per part de l’Església del nou ordre.postrevolucionari.